El segundo gran dominio climático catalogado en la provincia de Alicante, los climas de las tierras meridionales alicantinas, comprende un conjunto territorial extendido desde el cabo de la Nao, en la Marina, hasta las comarcas del extremo sur de la provincia; Bajo Segura y Bajo Vinalopó. Climáticamente este accidente geográfico, el cabo de la Nao, representa la divisoria entre dos espacios contrastados, pues si bien hacia el norte la línea de costa se presenta paralela a los vientos llovedores por excelencia en estas tierras, los gregales, hacia el sur la dirección de la costa, de SW a NE, rompe este paralelismo y, por ende, salvaguarda al territorio sudalicantino de los fuertes temporales de levante, que azotan con mayor asiduidad las tierras del ángulo nororiental de la provincia de Alicante. Muestra de ello es que, mientras ninguno de los observatorios meteorológicos del Marquesat desciende de los 600 mm de precipitación media anual, las poblaciones de la Marina Baja, a sotavento del bastión de relieves de norte de Alicante, que fuerzan el disparo en la vertical de masas de aire inestables vehiculadas por gregales y levantes, ven mermados los totales pluviométricos a registros que raramente exceden los 400 mm de media anual (Altea, 407 mm), al tiempo que hacia el extremo sur la aridez poco a poco se intensifica, descendiendo la precipitación a registros medios por bajo de los 250 mm. En líneas generales, en todo este conjunto climático, que comprende las tierras litorales y prelitorales al sur de la orla montañosa bética alicantina, las precipitaciones son escasas, irregulares y aleatorias, la sequía veraniega se dilata durante 3 a 5 meses, son pocos los días de precipitación (no sobrepasan más de 60) pero entre ellos los aguaceros de fuerte intensidad horaria otoñales acumulan un volumen desorbitado del total anual, la nubosidad es escasa (3’2 octas), el número de días despejados es alto (92), con casi tres mil horas de sol, la temperatura media anual se acerca a los 18 ºC o la sobrepasa en el extremo meridional, prácticamente no existe invierno meteorológico, la evapotranspiración potencial es cuantiosa y, por doquier, el déficit hídrico es marcado durante casi todo el año.
En todas las estaciones meteorológicas, la curva anual de precipitaciones registra pico máximo en otoño (octubre), mínimo en verano (julio), con durísima sequía estival y máximo y mínimo secundarios de primavera e invierno. Como ejemplo, la capital provincial, Alicante, se encuadra en el marco de un clima estepario cálido o subárido de absoluta filiación mediterránea, con totales pluviométricos que varían entre los 358 mm de Ciudad Jardín y 301 mm de El Altet, siendo la escasez de agua el problema más acuciante, grave y cotidiano al que se enfrenta no sólo este espacio, sino prácticamente todo el territorio alicantino.