AHÍ ESTÁ EL DETALLE
No hace falta viajar a medio oriente si uno quiere aprender a bailar la danza árabe o irse más lejos si uno quiere aprender danzas hindúes. En la actualidad, saber bailar se ha convertido prácticamente en una obligación. Ahora el que no baila simplemente cae en la categoría de desadaptado social y no es visto bien en las reuniones. Y es que el baile ha nacido prácticamente con la naturaleza. Basta con echar un vistazo al cortejo de casi cualquier especie de ave para darse cuenta de este ritual sagrado de la naturaleza cuando es tiempo de apareamiento. Y generalmente es el macho el que se apura y se afana en cortejar a la hembra con una serie de contoneos y pavoneos, dando brincos a su alrededor, solicitando sus favores y sus atenciones, por supuesto, no está sólo y compite junto a otros machos por la exclusividad de la hembra. ¿Por qué tendría que ser diferente para el hombre que ultimadamente también pertenece a la especie animal concebida por la naturaleza? De hecho no es diferente. Basta con trasladar nuestro punto de observación una discoteca. Salgamos por un instante de nuestro libreto de integración social, de divertimento amical, de turismo nocturno y todos esos rollos. Analicemos despasionadamente como científicos lo que sucede al interior de estos improvisados laboratorios.
El corte científico debemos de hacerlo en la época de celo. Por tanto no nos enfocaremos en los grupos mixtos de personas que llegan hasta estas discotecas sino en los grupos de personas que son integrados por representantes del mismo sexo. Por una parte están las mujeres que se han maquillado con gran esmero y se han vestido con gran pulcritud para la ocasión y por otra parte están los hombres que igualmente se han preparado de la mejor manera para la ocasión. Al principio la distancia está muy marcada. Los grupos están separados y sólo se trabaja en base a las miradas. El contexto nos muestra una pista de baile vacía y la música de fondo. Cada integrante de nuestra muestra científica con su respectivo vaso de trago en la mano. A medida que avanza la noche la pista de baile se va llenando en un principio por los grupos mixtos que están fuera de nuestra muestra. Poco a poco los chicos se van acercando hasta la ubicación de las chicas y buscan sus objetivos particulares. En esos momentos empiezan a bailar solos, a su alrededor, como invitando a las chicas a que los observen. Luego algunos se animan, alentados por las miradas de las chicas y las invitan a bailar a exclusividad, se afanan en marcar una serie de pasos y de darle mil vueltas a su pareja. El ritual del cortejo ha empezado tan igual como en la naturaleza.
Según muchos estudios, las mujeres gustan de los hombres que saben bailar, al parecer asocian esto con el grado de fertilidad de los mismos y en buena cuenta es un sinónimo de adaptación a la naturaleza. En la antigüedad el hombre tenía como principal arma de seducción la fuerza, cazaba y regresaba victorioso con la que sería la comida para la familia. En la actualidad las tendencias han cambiado y la mujer se fija en otros detalles.